En internet se pueden encontrar múltiples razones (a favor y en contra) de la guerra de guerrillas que libran Israelíes y Palestinos. También, encontré un infeliz chiste que se lo adjudica a un representante de Israel en las Naciones Unidas y dice:
El representante de Israel ante las Naciones Unidas:-Antes de empezar mi discurso querría contarles algo sobre Moisés: Cuando Moisés golpeó la roca y de ella salió agua, pensó ‘qué buena oportunidad para darme un baño’. Se quitó la ropa, la dejó junto a la roca y entró al agua. Cuando acabó y quiso vestirse, su ropa no estaba allí. Se la habían robado los palestinos.
El representante de Palestina saltó furioso y dijo:
- ¡¿Qué dice!?
- ¡¿Qué dice!?
- ¡Si los Palestinos no estaban allí entonces!’.
El representante de Israel sonrió y dijo:
- Y ahora que ha quedado esto bien claro, comenzaré mi discurso.
Jesús nació y vivió en un país ocupado militarmente, en su época fueron los romanos quienes 70 años de su nacimiento habían hecho de Palestina una de las tantas provincias-colonias de Roma.
Cabe recordar que 160 años de Jesús, emergieron los hermanos Macabeos, héroes de la resistencia judía contra la dominación griega de Palestina logrando importantes victorias contra los helenos (Léase en la Biblia libro de los Macabeos 1 y 2). Se podría indagar el surgimiento del gran movimiento de los “zelotes”, pero, no se lo hará aquí, sólo referenciaremos que los zelotes fueron unos apasionados de la defensa del honor de Dios: se oponían al pago de impuestos a Roma, tenían un programa de reforma agraria, la cual contenía la recta distribución de las tierras, ostentaron un auténtico programa político y entendían su lucha como una “guerra santa”. Lo dicho ¿Suena familiar?
Podríamos seguir explayándonos acerca de estos grandes varones de Dios, quienes solamente hicieron lo que -hoy por hoy- llevan a cabo las mujeres y varones palestinos: defender su territorio, la propiedad y el liderazgo sobre la geocultura recibida.
En América Latina, el arzobispo de San Salvador, Oscar Romero, opuesto siempre a la violencia como método para resolver conflictos, aún los más agudos ―asumió ese cargo en vísperas de que en El Salvador se desatara una guerra civil que duró doce años―, trató en varias ocasiones, no de justificar la guerra o la violencia, pero sí de diferenciar entre “violencia institucionalizada” y “violencia de respuesta”.
En su homilía del 26 de junio de 1977 afirmaba contundentemente: "La violencia institucionalizada es aquella que oprime abusando de sus derechos. La violencia que se institucionaliza es la que quiere abusar del poder. Ante ella surgió una respuesta en América Latina. "Hay ―dicen los obispos en Medellín― como un signo de los tiempos, un afán universal de liberación". Y la Iglesia, que siente que ese anhelo del hombre latinoamericano viene del Espíritu Santo, que le está inspirando su dignidad y le hace ver la desgracia en que vive, no puede ser sorda a ese clamor… Ante esta situación de violencia que se hace institución, surgen movimientos de liberación: la lucha de clases, el odio, la violencia armada…"
Afirmó, que la violencia armada “no es cristiana tampoco” y rechazó los métodos violentos para resolver los problemas nacionales de su tiempo, Monseñor Romero reflexionó, como Jesús, con “dos medidas”. Habló duramente contra la “violencia institucionalizada” y la “violencia represiva”. Condenó, también la violencia “de baja intensidad” que EE. UU. comenzó a ensayar ya en su tiempo contra las organizaciones populares salvadoreñas (Este nuevo concepto de guerra particular, que consiste en exterminar de manera homicida todos los esfuerzos de las organizaciones populares bajo pretexto de comunismo o terrorismo, la calificó así en su Diario). Y trató de entender la que él llamaba “violencia revolucionaria”, considerando que era una respuesta, un resultado de la “violencia represiva”.
Al igual que Jesús, Romero era consciente de que la violencia de unos y de otros, al multiplicarse, se convierte siempre en una espiral de violencia incontrolable que perjudica principalmente a los más pobres e indefensos (Se conoce que son niños, mujeres y jovenes menores de 18 años los muertos palestinos). Era consciente, igualmente, de que la violencia represiva arrinconaba a quienes se veían forzados a optar por la “violencia revolucionaria”. Tratar de “entender”, con la mente y con el corazón, con palabras y con actitudes, la opción revolucionaria de los pobres de su país, su “violencia de respuesta” fue lo que le costó la vida. Fue asesinado el 24 de marzo de 1980.
¿De cuántas “violencias institucionales” vos y yo somos cómplices con nuestros silencios? ¿Acaso repetiremos la historia cuando Yahveh interpela a Caín por su hermano, en el instante imborrable en que éste expresa su infame rechazo “¿Acaso soy el guardián de mi hermano?” (Gn. 4, 9).
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http://www.mundoarabe.org/niños_palestinos.htm
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