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Dada la complejidad de la vida social y la importancia que reviste el conocimiento para la subsistencia de nuestra especie humana resulta provocador y desafiante pensar en ampliar, multiplicar, profundizar y flexibilizar nuestros criterios de verdad, y, al propio tiempo, articularlo e integrarlo con la filosofía del derecho, porque a lo mejor el deterioro de las vidas en muchos varones y mujeres sea producto de la fragmentación del derecho, la política y la ética. Por tanto, ofrecerse un tiempo para pensar (iusfilosofar) que una VIDA BUENA sin excluidos ni exclusiones es la clara señal que salvar a la humanidad de la "inhumanidad de los que se creen poderosos" es posible. Gracias por abrir tu mente y corazón...Dále! Reflexionemos juntos...

jueves, 5 de agosto de 2010

Matrimonio “Gay” ¿Será una cuestión de paradigmas?


La sacudida que padeció la sociedad argentina con la promulgación de la ley del “matrimonio igualitario” produjo encendidas discusiones y enfrentamientos. Algunas de las preguntas para pensar y discutir pueden ser: ¿Desde dónde se emitieron esos juicios y argumentos? ¿Será que los interlocutores hablaron sin comunicarse? ¿Qué ruidos obstaculizaron el debate? ¿Será que los hablantes lo hacían desde la incomensurabilidad de sus paradigmas?

El libro del Génesis cuenta el mito –no es un hecho histórico ni científicamente comprobable- de la creación de Adán y Eva en el que se expresa el hacerse una carne –un varón con una mujer- diciendo que la hembra fue hecha del costado del varón. Es un hermoso relato metafórico que pretende poner de manifiesto la interconexión inseparablemente profunda que existe entre el varón y la mujer. Cuando Dios le presenta a Eva, Adán sin titubear exclama: “¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!”. Y, la leyenda concluye: “Por eso (precisamente porque la mujer procede inmediatamente del varón) un varón abandona padre y madre, se junta a su mujer y se hacen una sola carne” (Gn. 2, 23 s). Por consiguiente, en cierta medida volverán a la más estrecha comunidad corporal en la que se encontraban siendo uno cuando la mujer era aun parte integrante del varón. Porque la mujer formaba originariamente una unidad física con el varón por eso volverá a ser una sola cosa con él según el cuerpo; eso sucederá concretamente en el matrimonio (!). Si se parte de esta cosmovisión semita de la unidad original de varón y “varona”, unidad que se vive de nuevo en el matrimonio se comprende perfectamente por qué el judaísmo, el cristianismo y el islamismo consideran la homosexualidad como antinatural. Según estas religiones para realizar de nuevo la unidad original, el varón tratará de unirse otra vez –según la naturaleza- sólo con la mujer (varona); y ésta, sólo con el varón.


Desde la cosmovisión indoeuropea el mito griego, tal como Platón lo expone en El banquete, ve esto de otra manera: nuestro antiguo estado natural no era el mismo que ahora. Existieron tres tipos de hombres completos (criaturas esféricas): los que constaban de varón y varón; los que se componían de mujer y mujer; finalmente, las criaturas esféricas heterosexuales, formadas por varón y mujer. Los dioses como castigo seccionaron las esferas por la mitad (de allí que se ande en la búsqueda de la “media naranja”). El mito griego se refiere con menosprecio sobre la esfera heterosexual: “Así, muchos de los varones son ahora un trozo seccionado de aquella especie mixta que se llamó entonces andrógino. Éstos son grandes amantes de mujeres y entre ellos se encuentran la mayoría de los adúlteros”. Tras mencionar a las lesbianas, el mito dice “a los varones que son pedazo de un hombre, que van tras lo masculino; éstos son precisamente los mejores de los niños y de los adolescentes porque ellos son lo más masculino de la naturaleza. Prueba principal de esto es que sólo tales –una vez adultos- llegan a ser varones que se dedican a los asuntos del Estado mientras que su sentido no es dirigido por la naturaleza hacia el matrimonio ni hacia la procreación; se casan y tienen hijos sólo porque se lo ordena la ley”.

Paradojas de las culturas y sus cosmovisiones: en el mito griego se califica de “natural” lo que el cristianismo –desde Pablo de Tarso hasta nuestros días- considera “antinatural”. Nuestros actuales sacerdotes católicos (cuya sexualidad no está orientada ni al matrimonio ni a la procreación) habrían sido vistos en aquella época como representantes más conspicuos de la especie de hombre homosexual. En todo caso, resulta casi evidente (se dice “casi” porque en el fondo hay una invitación a bucear en la antropología, la etología, la filosofía, y los insondables arcanos de la psique social) que no siempre ni en todas partes coinciden las opiniones de las personas sobre lo que es “natural” y “antinatural”.

¿Será una cuestión de paradigmas o mezquinos intereses de fondo? (o los dos).-


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