¡Bienvenidos!¡Bienvenidas!

Dada la complejidad de la vida social y la importancia que reviste el conocimiento para la subsistencia de nuestra especie humana resulta provocador y desafiante pensar en ampliar, multiplicar, profundizar y flexibilizar nuestros criterios de verdad, y, al propio tiempo, articularlo e integrarlo con la filosofía del derecho, porque a lo mejor el deterioro de las vidas en muchos varones y mujeres sea producto de la fragmentación del derecho, la política y la ética. Por tanto, ofrecerse un tiempo para pensar (iusfilosofar) que una VIDA BUENA sin excluidos ni exclusiones es la clara señal que salvar a la humanidad de la "inhumanidad de los que se creen poderosos" es posible. Gracias por abrir tu mente y corazón...Dále! Reflexionemos juntos...

martes, 23 de diciembre de 2008

Navidad es esperanza consumada

Desde el mes de Noviembre comenzamos a ver en las vidrieras de los negocios “nacimientos”, “pesebres” o “belenes” o motivos alusivos a la navidad; en las casas, en las iglesias, en las oficinas, en los edificios públicos, algunas veces los vemos a partir del 8 de diciembre. Las decoraciones las hacen con figuritas que representan a María, José, Jesús, los pastores, tres reyes magos, algunos animalitos (vacas, burro, ovejas y camellos -sino en qué fueron los visitantes de oriente) y ángeles. Nunca falta la estrella.


Esto de armar “pesebres” es una tradición muy antigua, inventada por Francisco de Asís en el siglo XIII en la ciudad italiana de Greccio. Francisco construyó en medio del bosque una casita de paja y llevó allí a una mula y un buey, entre los que colocó una imagen de Jesús. En la medianoche del 24 de diciembre invitó a los frailes franciscanos y a los campesinos de los alrededores, que llegaron con antorchas y cantando. Celebró allí la misa. Inició así la hermosa tradición de los pesebres y de la “misa del gallo”.


Siempre ha habido autores que han querido demostrar histórica, científica y racionalmente que los acontecimientos narrados en la Biblia y que pareciera que ocurrieron todos en una noche son ciertos. Para probar, por ejemplo, que realmente se vio una estrella especial en Belén cuando nació Jesús, mencionan una conjunción de planetas que ocurrió en aquellos años y que habría producido la impresión de un nuevo lucero brillando en los cielos. De lo que se cuenta debemos decir que es pura leyenda; es un hermoso relato que no nos cuenta hechos históricos sino un hermoso mensaje de fe.


La Biblia contiene datos históricos, pero también está plagada de metáforas, símbolos, mitos, épica verdadera y falsa, cuentos populares, leyendas, tradiciones orales sobredimensionadas con el tiempo, epigramas, fantasías colectivas, poesía, en definitiva de literatura. En el intento de probar “científicamente” la literatura bíblica pierde la razón y pierde la fe.
Procuremos reflexionar y resignificar el sentido de la navidad a la luz de un texto de Eugen Drewermann, y que al final puedas decir con la mente y el corazón: “¡Feliz Navidad!”


"¿Dónde está realmente Belén? ¿Dónde está el lugar en el cual Dios puede nacer?


El Belén de los evangelios no es la pequeña ciudad situada al sur de Jerusalén, sino todo lugar en el cual los hombres son capaces de sufrir por la falta de humanidad y en el cual tienen hambre y sed de justicia (Mt. 5, 6): sólo de estos hombres y mujeres Dios es tan cercano que puede en ellos vivir.


Dos mil años de leyenda cristiana han podido de esta manera condensar, en las imágenes de la Noche Santa, buscando en la riqueza de la experiencia personal, las únicas condiciones con capacidad para describir este milagro de la humanidad y de la bondad de nuestro Dios. Y ahora nos es necesario recorrer una vez más todos estos símbolos para hacer en nosotros mismos la prueba de su significación y experimentarlos.


Era de noche, nos dice Lucas, en esta hora de Belén. Pero, ¿sabemos de verdad qué es la noche? Cuando los hombres miran y no encuentran ningún horizonte, cuando sus sueños están muertos y el mundo es para ellos sólo un abismo vacío. A estos hombres de la noche –dice el evangelio- Cristo se les apareció como la luz que brilla en las tinieblas. Sobre ellos, que nunca habían conocido a Dios, “sobre el pueblo que caminaba en tinieblas una luz brilló” (Is. 9, 1).


Hacía frío, nos dice la leyenda, esta hora de la aparición del Salvador. Pero, ¿sabemos de verdad qué es el frío? Cuando el corazón del hombre queda helado dentro de la tormenta de nieve de las palabras, y cuando los pies están atrapados en los mil falsos colores de las superficialidades y los dedos agarrotados y ya azulados por el frío de unos sentimientos helados. A estos hombres del frío, Cristo les dirá: “Fuego he venido a encender en la tierra, y ¡qué mas quiero si ya ha prendido! (Lc. 12, 49).


La soledad y el rechazo reinaban, dice la leyenda, en esta hora de Belén. Pero, ¿sabemos de verdad qué es la soledad? Cuando los hombres nacen sin techo propio, delante de la puerta de los otros, allí donde no existe un hogar, sino sólo una búsqueda y una nostalgia sin fin. Hijos, no de unos padres, sino de los descendientes de Eva, la antepasada de todos los exiliados, de todos aquellos que se encuentran arrojados a la vida, siempre condenados a pisar tierra extraña, siempre sólo movidos por el miedo, sin derechos, sin respiro alguno, sin lugar donde residir. A estos hombres condenados ala soledad, Cristo les dirá: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero este hombre no tiene donde reclinar la cabeza” (Lc. 9, 58). Y, también les dirá: “Acercaos a mí los que estáis rendidos y abrumados, que yo os daré respiro” (Mt. 11, 28).


Es pobre, nos dice la leyenda, este Mesías-Rey venido al mundo. Pero, ¿sabemos de verdad qué es ser pobre? Cuando el alma del hombre está tan chupada como la boca del hambriento y tan vacía como la mano del mendigo. O cuando el cuerpo está tan agotado que la mujer ya no tiene energías para espantar las moscas de los ojos de su niño hambriento o las mordeduras nocturnas del frío. A estos hombres de la pobreza Cristo les dirá: “Vosotros estáis cerca de Dios”. Pero, también añadirá, lleno de cólera: “¡Ay de vosotros los ricos!” (Lc. 6, 24).


Todos aquellos que viven en las tinieblas, en el frío, en la soledad, todos los excluidos, los pobres comprenderán la noche de Belén, pues a todos este niño de Dios les promete: “¡Felices lo que ahora lloráis, porque vais a reír! (Lc. 6, 21).


El Belén de los mapas está situado a veinte kilómetros de Jerusalén, pero, el verdadero “Belén” está al lado mismo de “Jerusalén”, en nuestros propios corazones.


Y ¿Dónde habitamos nosotros realmente?"




lunes, 8 de diciembre de 2008

¿Aborto? Sí! ¿Aborto? No!

Así como la Biblia fue escrita en su totalidad por varones, las doctrinas de las iglesias cristianas (católicas, ortodoxas y protestantes en su sus múltiples versiones) también han sido pensadas y elaboradas siempre por varones.

En la historia del derecho y de la filosofía del derecho se han promovido siempre ideas masculinas y machistas en todo lo referido a la sexualidad, la maternidad y la natalidad. Este es un dato que nos permite “sospechar” de los criterios iusfilosóficos que juzgan el aborto como un crimen y que culpan y condenan a las mujeres que interrumpen embarazos no deseados o riesgosos para su vida o su salud.

Algunas de las preguntas que suscita éste tema son ¿Hasta qué punto las creencias míticas del dios del Antiguo Testamento se filtraron en las leyes y normas jurídicas occidentales? ¿Es una falsa alternativa elegir entre la libertad de decisión de la mujer y el derecho a vivir del hijo? ¿Cuándo comienza un feto a ser humano? Un embrión y un feto son vida humana en potencia, usando el lenguaje de Aristóteles, en proceso, en camino. Son una semilla con la capacidad de llegar a ser un árbol, pero no son un árbol ¿Tenemos la obligación de transformar toda semilla en árbol? ¿La cuestión del aborto está relacionada con el reconocimiento del derecho de la mujer a su plena autodeterminación?

Son muchos los interrogantes y cuestiones que producen este problema de gran actualidad. Me parece que cada “caso de aborto” es diferente y requiere de una reflexión diferente. Y que en cada caso se tiene que acompañar a reflexionar y decidir a la mujer, y al varón que engendró la nueva vida (en los casos que se pueda) con bondad, comprensión (lo cual no significa justificar) y caridad evangélica.





Recordemos la actitud de nuestro Maestro, cuando ante la mujer adúltera, todos querían condenarla dijo: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le arroje la primera piedra” (Jn. 8, 7) ¿Estamos en condiciones de juzgar y condenar? ¿Vos qué opinas?





Links recomendados:

http://www.rosario3.com/noticias/noticias.aspx?idNot=36434
http://socialistworker.org/Obrero/015/015_00_ElAborto.shtml
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/1-23316-2006-08-22.html http://www.elliberal.com.ar/secciones.php?nombre=home&file=ver&id_noticia=081014YJK&seccion=La%20Banda




sábado, 6 de diciembre de 2008

¡Preparen la mochila para el caminar iusfilosófico!

La civilización griega nos dejó (entre otras cosillas) tres grandes herencias, a saber: la democracia, las olimpíadas y la filosofía.

El mito de Ícaro nos abrirá las puertas a este espacio virtual que es de todos los que hemos hecho propio el lema del Primer Foro Social Mundial de Porto Alegre en Brasil en el año 2001: “OTRO MUNDO ES POSIBLE”, y que al propio tiempo bregamos día a día para que se haga realidad. Para tal fin hay que cuestionar y rechazar los discursos y prácicas sociales predicado, legitimado y sostenido por quienes han construido este mundo tan injusto. En el mensaje revolucionario de Jesús de Nazareth podemos encontrar las orientaciones que necesitamos para transformar el mundo desde la filosofía del derecho con tendencia católica en su sentido originario.

Es sabido que Dédalo era un gran inventor que vivía en Atenas y que por envidia mata a su sobrino Talos. Para evitar ser castigado por los atenienses huyó a la isla de Creta donde el rey Minos lo recibió muy amistosamente y le encargó muchos trabajos. Dédalo se casó con una mujer de Creta y tuvo un hijo llamado Ícaro.

El rey Minos ofendió al dios Poseidón y este se vengó haciendo que la reina Pasifae, esposa de Minos, se enamorara de un toro. Fruto de este amor nació el Minotauro, monstruo mitad hombre y mitad toro. Para encerrar al Minotauro, Minos ordenó a Dédalo construir un laberinto formado por muchísimos pasillos y pasadizos dispuestos de una forma tan complicada que era imposible encontrar la salida.

Pero Minos, para que nadie supiera como salir del laberinto, encerró dentro a Dédalo y a su hijo Ícaro. Estuvieron allí encerrados durante mucho tiempo hasta que a Dédalo se le ocurrió la idea de fabricar unas alas, con plumas de pájaros y cera de abejas, con las que podrían escapar volando de Creta.

Antes de salir Dédalo le advirtió a su hijo Ícaro que no volara demasiado alto porque si se acercaba al sol la cera se derretiría y tampoco demasiado bajo porque se le mojarían las alas y se harían demasiado pesadas para poder volar. Empezaron el viaje y al principio Ícaro volaba al lado de su padre, pero después empezó a volar cada vez más alto y se acercó tanto al sol que se derritió la cera que sujetaba las plumas de sus alas, cayó al mar y se ahogó.

Como estudiosos de la filosofía del derecho podemos correr el riesgo de repetir la tragedia de Ícaro. Desde la fragilidad de nuestras alas conceptuales e históricas (por tanto “hijas del tiempo”), elevarnos sobre el suelo de la experiencia cotidiana y construir fabulosas teorías jurídicas, reflexiones iusfilosóficas, de manera aislada e insular, que ante el calor del mundo de la vida necesitado de “lo justo” sus monumentales alas se derritan, y con ello, sellemos nuestra propia suerte.

La meta deseada es evitar el holismo filosófico (“volar alto”) para impedir que la abstracción del lenguaje filosófico y jurídico nos distancie grandemente de nuestros conciudadanos, a quienes serviremos desde nuestra profesión. Por otro lado, tenemos que soslayar el reduccionismo iusfilosófico por lo bajo, que convierta a la filosofía en una sierva del derecho. Esta es una ardua tarea que tenemos que empezar de manera inmediata.

Para tal fin, tendremos que aprender a dialogar, comentar y discutir de manera respetuosa entre todos y todas. Caso contrario, habrá que soportar la soledad que produce el trabajo disciplinar y solitario, la oscuridad de la verborragia vacía y ciega de los textos que estudiamos, el frío del aislamiento de las teorías y sistemas formuladas entre libros y papeles; y lo que sería peor, en tiempos de descontento, insatisfacción, malestar, incomodidad, inconformismo –como el que nos toca vivir- no tener las respuestas eficaces y efectivas para los variados problemas a los que nos enfrentamos en un mundo que cambia vertiginosamente.




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